Nicolás Maduro se presenta todos los días como la continuidad de un proyecto de una década y media, pero se sabe que, en política, aquello de lo que más se hace gala es muchas veces lo que más se echa en falta.
Es que “el primer presidente chavista de Venezuela”, como bien se ha definido, enfrenta un escenario inédito por una sencilla razón: por más que se declare hijo político de Hugo Chávez, la prole del caudillo muerto es muy numerosa, y muchos los que aspiran a adueñarse de la revolución.
Dicho escenario singular incluye, por un lado, la necesidad de paliar notorios déficits de gestión que, a su modo y con el rudimentario instrumental del que dispone, Maduro pretende encarar. Deudas que casi nadie pasaba a cobrar por la ventanilla del líder bolivariano, quien, se sabe, según los más incondicionales, chocaba en sus buenas intenciones con los escollos que le planteaba “el entorno”. Un entorno que ahora es el que gobierna, a diferencia de aquél, sin paragolpes.
Los principales problemas de gestión, que a Maduro sí se los facturaron en las elecciones del 14 de abril y que casi le cuestan una derrota y su lugar en la historia, son tres: los cortes de luz, la rampante inseguridad y el desabastecimiento de alimentos. Como puede y como sabe, el mandatario enfrenta los tres.
El primero, confiando en la gestión de Jesse Chacón como ministro de Energía, quien ha puesto en marcha la Gran Misión Eléctrica, la que, poco a poco, ha ido dejando de hablar de “sabotajes” opositores como explicación de todos los males y comienza a blanquear las debilidades del sistema de generación y transmisión, insólitas en un país con energía tan abundante.
El segundo es atendido con una medida que, en otro país, en el que las fuerzas armadas no hayan sido tan “formateadas” por el poder político como en Venezuela, sonaría a herejía ideológica: confiar a los militares tareas policiales. Una aventura en la que se entra fácil, pero que genera dudas en cuanto a sus posibles resultados, que pone a esos sectores en contacto con sectores criminales de potencial corruptor y de la que puede ser difícil salir.
Pero el tercer frente es el que genera más concesiones ideológicas. Para paliar la escasez de alimentos en un país que, pese a las bondades de su clima y de su suelo, importa el 40% de lo que come, el cóctel resulta controvertido: un relativo sinceramiento de los precios en las góndolas (20% para la carne, el pollo y los lácteos, un golpe al bolsillo de la base electoral del oficialismo) y exhortaciones al sector privado para que incremente sus inversiones. Esto último es toda una curiosidad que supuso el abandono de las habituales amenazas de expropiación y, de paso, “tragarse el sapo” de que el empresario emblema del sector, Lorenzo Mendoza, del gigante Polar, haya acudido la semana pasada a una entrevista con Maduro en la que demostró que la producción de sus plantas no había caído como decía el gobierno y en la que se permitió chicanearlo con la propuesta de que le entreguen empresas estatizadas altamente ineficientes para poner a producir de inmediato.
Pero lo inédito del escenario que enfrenta el presidente incluye otro dato esencial: las internas políticas que, con Chávez al mando, no se notaban.
Antes de las elecciones de hace poco más de un mes decíamos que la interna en el chavismo no estallaría antes de la convocatoria a las urnas, ya que primaría hasta entonces el sentido de la urgencia ante la falta del comandante, pero que aquélla aparecería más temprano que tarde. Y así fue, tal como quedó reflejado en el audio que divulgó ayer la oposición en Caracas.
En éste se habla de conspiraciones internas, movidas golpistas en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y actos de corrupción. Todo ello converge, con nombre y apellido por si hiciera falta, en el líder del “ala militar” del chavismo y poderoso presidente de la Asamblea Nacional: Diosdado Cabello.
El contenido del audio y la identidad de sus protagonistas dejan mucha tela para cortar. ¿Quién grabó una conversación entre, nada menos, que el más emblemático de los “periodistas militantes” del chavismo, Mario Silva, conductor del programa “La Hojilla”, y un jerarca del espionaje cubano, Aramis Palacio? ¿Quién filtró semejante cosa?
No perdamos de vista que el gobierno de Cuba ha sido uno de los principales padrinos políticos de Maduro frente al agonizante Chávez, cuando éste debía definir su sucesión. Por otro lado, quien queda mal parado es, justamente, Cabello, el principal rival interno del vencedor de esa puja.
Si lo anterior constituye un indicio de quiénes podrían ser los responsables de la filtración, cabe preguntarse también, cuál será la reacción de Cabello y los suyos.
Una división aguda en el chavismo, una posibilidad que ya no es posible minimizar, puede ser fatal en el escenario que parece abrirse en Venezuela: un referendo revocatorio de Maduro dentro de tres años, como permite la Constitución de 1999. A exponer (y atizar) esas reyertas apunta la oposición que divulgó la grabación. Mientras, Henrique Capriles insiste en una impugnación que no persigue el objetivo quijotesco de que Maduro sea desconocido por las autoridades electorales y por la comunidad internacional, sino erosionar la legitimidad del presidente presionar por mayores garantías para esa eventual consulta.
En medio del tembladeral, dentro del chavismo, Maduro, Cabello y sus respectivos incondicionales, coinciden al menos en una certeza: de un día para otro, han descubierto que dormían sobre un serpentario.
(Nota publicada en Ámbito Financiero).
Lo que digo y no hago
La política es hipócrita y cruel... ¿y qué?
martes, 21 de mayo de 2013
viernes, 10 de mayo de 2013
Sunitas, chiitas, alauitas: quién es quién en Siria y Medio Oriente?
Entender el baño de sangre que se ha desencadenado en Siria a partir de marzo de 2011 exige repasar, aunque sea rápidamente, las características de ese país como mosaico confesional, condición que resume líneas de fractura y de alianzas políticas fundamentales en el mundo islámico.
“Sunita”, “alauita”, “chiita”, entre otros, son términos que (hagamos nuestro mea culpa) la prensa deja caer sobre el público sin mayores explicaciones. Reparar esa falta entrega valiosas claves para pensar lo que viene, no sólo en Siria sino también en Irán y en Oriente Medio en general.
La existencia de una rama sunita y una chiita es consecuencia del cisma de 683, cuando los líderes del clan omeya, que gobernaba Siria, se impusieron a Alí, el primo y yerno del Mahoma, saldando (guerra y mediación iniciales mediante, para finalizar con el asesinato de éste) la disputa por la sucesión del profeta. Las diferencias doctrinarias que ambas corrientes desarrollaron a partir de entonces son profundas y constituyen el nudo de buena parte de las rivalidades políticas actuales. Un ejemplo claro de esto son para el lector las matanzas continuas, con la mayoría chiita llevando la peor parte, en el Irak post Sadam Husein. Y Siria se asoma hoy a un escenario similar.
El sunismo, heredero de los vencedores de la disputa por el califato en el siglo VII, es la rama más numerosa del islam, con cerca del 85% de los 1.300 millones de fieles. Su doctrina se basa en la suna, esto es en los “ejemplos” de conducta, las prácticas y los dichos de Mahoma, que complementan la letra del libro sagrado de esa fe, el Corán (“La Recitación”, en árabe).
Con todo, los sunitas están divididos, a su vez, en diversas tendencias, desde las más moderadas hasta las más extremas, como las que representan los salafistas, defensores de la religiosidad de los de los “ancestros” (salaf), quienes a su vez se separan entre apolíticos y partidarios de una yihad (guerra santa al infiel) agresiva como Osama bin Laden.
Los chiitas constituyen una minoría, alrededor del 10% del mundo islámico, y son amplia mayoría sólo en Irán (en Irak lo son, pero por poca diferencia y están concentrados en el sur del país). Su nombre deriva de la expresión shiat Alí (“los partidarios de Alí”), y consideran desde el cisma que el líder de la comunidad musulmana, el imán, debe ser un heredero de sangre de aquél, linaje que se extiende a partir de la descendencia que engendró con Fátima, la hija de Mahoma.
Entre muchas otras, una diferencia doctrinaria importante entre sunitas y chiitas es que estos últimos creen, a diferencia de aquellos, que el Corán tiene un sentido oculto que deben develar los líderes religiosos. Otra, clave, hace a la visión mesiánica: para los sunitas, el Mahdi (“El Guiado”) nacerá antes del Día de la Resurrección, en el fin de los tiempos; para los chiitas, no se tratará de un nacimiento sino de un retorno, el del duodécimo imán, quien vive oculto desde el martirio de su padre en el siglo IX.
Siria es un país árabe de población mayoritariamente sunita, pero que cuenta con dos minorías importantes, una cristiana y otra alauita, cada una de las cuales da cuenta de aproximadamente un 10% de la población.
Los alauitas (unos dos millones, concentrados sobre todo en Siria, pero también en el extremo sur de Turquía, en el Líbano e Irak) son una rama peculiar dentro del islam, al punto que relativizan como alegorías algunos de los cinco pilares básicos de la fe, como la obligatoriedad de las cinco plegarias diarias, el ayuno en el Ramadán o la peregrinación que debe realizarse al menos una vez en la vida a La Meca. Asimismo, tienen una visión muy particular en términos de reencarnación de las almas. Por estas razones, muchos musulmanes la consideran herejes.
Sin embargo, su doctrina tiene fuertes puntos de contactos con el chiismo, lo que convierte a sus miembros en aliados naturales contra los abrumadoramente mayoritarios sunitas.
Una peculiaridad de Siria es que la comunidad alauita, concentrada sobre en el oeste del país, sobre todo en la costa del Mediterráneo, en torno a la ciudad de Latakia, controla, pese a su escaso número, los principales resortes del Estado. Esto es así desde que Hafez al Asad, padre del actual dictador Bashar, se hizo con el poder en 1971. No sólo ocupan desde entonces la cúspide del régimen del partido Baas (socialista y panárabe, ideología ideal para diluir una identidad minoritaria y sospechada) sino también puestos clave en las Fuerzas Armadas y los servicios de inteligencia.
Ese nexo entre alauitas y chiitas explica el nudo de la alianza antiisraelí más potente: la que incluye al régimen teocrático de Irán, al régimen de Al Asad y al partido-milicia chiita, Hizbulá, un verdadero Estado dentro del Estado en el Líbano.
Así las cosas, el núcleo de la oposición política y militar a Al Asad está compuesto por miembros de la mayoría sunita, en buena medida desertores del Ejército, pero también izquierdistas, militantes de base y, fundamentalmente, islamistas extremistas. Esto explica que Israel haya atacado recientemente supuestos arsenales iraníes destinados a Hizbulá a través de territorio sirio pero sin ir fondo en su ofensiva. Su objetivo es valerse de la actual crisis para poner fin a una práctica de casi tres décadas pero que hoy, con la posibilidad de que ese flujo incluya armas químicas, misiles sofisticados y hasta material nuclear persa, adquiere perfiles muy amenazantes. Más claramente: Al Asad es para el Estado judío un enemigo jurado, pero uno que, al menos hasta el inicio de la revuelta en 2011, garantizaba el control del territorio y los arsenales sirios; lo que puede ocurrir después de su eventual caída es un escenario que se escruta con enorme preocupación, sobre todo por el poder dentro de la coalición opositora de la Hermandad Musulmana, el capítulo sirio de la cofradía que se hizo con el poder en Egipto tras el derrocamiento de Hosni Mubarak.
Hasta cierto punto, los ataques israelíes del fin de semana último contra objetivos en Siria pueden ser vistos como una suerte de ensayo o anticipo de lo que puede ocurrir con Irán a propósito de su cuestionado plan nuclear, esto es una acción bélica “preventiva”. La diferencia, enorme, por cierto, es que, si el régimen de Al Asad, que se sabe jaqueado, optó por la autocontención y la promesa de seguir armando a Hizbulá, el de Irán (una potencia de 80 millones de habitantes) podría dar respuesta muy violenta. Ése es el escenario de pesadilla: en ese caso, Estados Unidos no podría limitarse, como ahora, a que su secretario de Estado siga sumando millas mientras decide qué hacer, y en cambio se vería arrastrado a una guerra de consecuencias humanas, geopolíticas y económicas hoy imposibles de ponderar.
(Nota publicada en Ámbito Financiero).
viernes, 26 de abril de 2013
Crisis en Europa: una mancha de ácido sobre la democracia
Sólo hay una cosa peor que estar muy mal: tener la certeza
de que todo seguirá muy mal por mucho tiempo. Esto es lo que les ocurre hoy a
los españoles, absortos ante una clase política que los somete a sacrificios
inefables sin ofrecerles siquiera el triste consuelo de una falsa visión de
bienestar futuro.
Los datos del desempleo divulgados ayer son pavorosos:
27,16% de desocupación abierta (6,2 millones de personas, dos Madrid enteras),
57,22% entre los jóvenes de hasta 24 años y casi dos millones de familias en la
que ninguno de sus miembros tiene trabajo, la mejor medida de la pobreza sin
remedio. En tanto, pocos días atrás, el martes 16, el Fondo Monetario
Internacional les había dicho a los españoles que deben prepararse para al
menos una década perdida: hacia 2018, casi diez años después del comienzo del
desplome, la desocupación no bajará más allá del 23% y toda la discusión sobre
el crecimiento girará alrededor de cuándo el país logrará salir de la recesión
técnica, no ya, claro, sobre una retomada vigorosa. El mismo FMI que a través
de la “troika” (que suma a la Comisión Europea, el órgano ejecutivo de la UE, y
el Banco Central Europeo) suministra los medicamentos que matan al paciente
deviene, sin rubores, en aséptico comentarista.
Una crisis así es inevitablemente corrosiva para una
sociedad y para su relación con la dirigencia política. El último “barómetro”
del oficial Centro de Investigaciones Sociológicas, terminado el mes pasado,
entrega varios datos relevantes al respecto.
Según el 92,4% de los consultados, la situación económica
española es mala o muy mala, situación que según el 94% no varió o se deterioró
en el último año. Más aun, de acuerdo con el 74,4% las cosas irán igual o peor
a un año vista.
Por otra parte, al responder sobre la situación política del
país, el 84% la califica de mala o muy mala y el 77,9% no tiene expectativas de
que mejore en el próximo año. Natural cuando las dos grandes alternativas
históricas terminan manoseadas en el mismo lodo.
Mientras, consultados por los principales problemas del
país, el 81,6% citó el desempleo, en tanto que “la corrupción y el fraude “
saltaron a un llamativo segundo lugar con un 44,5% de menciones. “Los problemas
de índole económica” (34,4%) y “los políticos en general, los partidos y la
política” (31,4%) se sumaron al triste podio.
¿Es que no advierte esto la dirigencia política, tanto la
del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), a la que la crisis le estalló en
las manos y puso en marcha el ajuste, como la del Partido Popular (PP), que
continuó con la austeridad casi con fruición desde su triunfo de noviembre de
2011? Seguramente sí. La pregunta es qué herramientas tienen a mano para salir
de esta “lógica” peligrosa.
No hay que olvidar que la integración económica y monetaria
de la Unión Europea ha ido mucho más allá que la política, lo cual lleva a una
paradoja, esto es la de gobiernos nacionales con potestades cercenadas en
materia de política cambiaria (el euro) y monetaria pero que, a la vez, siguen
siendo responsables ante sus respectivos electorados. Gobiernos nacionales con
funciones que, en términos argentinos, casi podríamos asimilar a la de
administraciones provinciales. Elevadas demandas y expectativas; pobre
capacidad de respuesta.
Así las cosas, si a Mariano Rajoy, o a los gobiernos de
Grecia, Portugal, Italia, etcétera, los mercados voluntarios de deuda les
cierran las puertas en la cara, sólo les queda acudir a herramientas fiscales
(el ajuste) o a un prestamista de última instancia: la mencionada “troika”, un
“alter ego” de la poderosa Alemania, cuya canciller, Angela Merkel, también
tiene que responder ante un electorado cansado de salir al “rescate” de países
que han hecho mal las cosas. Nadie les explica a los alemanes que el “rescate”
no es para las poblaciones, algo que salta a la vista, sino para sus
acreedores, y que un hundimiento mayor de aquellos mercados sería nocivo para
los intereses de su propio país, fuertemente volcados a las exportaciones.
Los ciudadanos de los países afectados están ante un
espectáculo inexplicable, sobre todo cuando la integración les había prometido
un futuro de prosperidad. Ciudadanos que, además, fundamentalmente en casos
como los de Grecia e Italia, ven cómo su voto no se traduce en la designación
de sus gobiernos, sino que éstos son fruto de enjuagues en los que la última
palabra la tienen aquellas instancias financieras y Berlín.
¿Qué italiano tenía en mente al votar en febrero que
seguirían dos meses de zozobra institucional? ¿Quién suponía que Silvio Berlusconi
escaparía a un inexorable destino de cárcel o jubilación política para
erigirse, otra vez, en árbitro de la política local? ¿Quién, por último,
suponía que, después de que aquellas instancias hibieron impuesto al senador
vitalicio Mario Monti, un segundo “paracaidista”, el diputado “democrático” Enrico
Letta emergería como posible primer ministro? En definitiva, ¿qué queda del
“contrato de representación” entre gobernantes y gobernados?
La crisis económica despliega ya todo su poder ácido y corrorivo. A no sorprenderse cuando la política muestre un rostro deforme.
(Nota publicada en Ámbito Financiero).
La crisis económica despliega ya todo su poder ácido y corrorivo. A no sorprenderse cuando la política muestre un rostro deforme.
(Nota publicada en Ámbito Financiero).
martes, 23 de abril de 2013
El sinuoso regreso de Paraguay al Mercosur
Asunción – Consumado el golpe parlamentario contra Fernando Lugo, el Mercosur y la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) separaron a Paraguay hasta que realizara elecciones limpias y transparentes que restituyeran la normalidad democrática. Realizados los comicios, se verá desde ahora que el proceso no será tan automático sino que, por el contrario, se abrirá una etapa hasta la asunción del nuevo mandatario, el 15 de agosto, en la que se fatigarán negociaciones complicadas.
Aquella suspensión ha sido una herida en el orgullo nacional, y el gobierno de Federico Franco no dudó en atizar los sentimientos nacionalistas al presentar lo ocurrido como una reedición de la Guerra de la Triple Alianza. Si bien muchos paraguayos en la calle comprenden lo hecho por Argentina, Brasil y otros países y creen que la destitución de Lugo fue un golpe parlamentario en toda la regla, no ha sido ésa la opinión predominante en la clase política y en el establishment mediático del país.
De la mano de eso, recordemos que, suspendido Paraguay, el único país que resistía en su Congreso la aprobación del ingreso de Venezuela, el Mercosur consideró que esa traba quedaba removida. Si Paraguay perdía su derecho de voto, justamente su voto dejaba de contar.
El problema es que la clase política colorada, liberal y nacionalista (Patria Querida) consideran que restituir el honor mancillado hace que Paraguay aún deba hacer valer su derecho de votar el caso Venezuela. ¿Será eso posible?
“Paraguay va a volver al Mercosur y a la Unasur , pero no de inmediato sino a partir de una negociación que debería confluir en el 15 de agosto”, dijo a Ámbito Financiero Marcelo Rech, director del think tank InfoRel de Brasilia, quien vino a Asunción para seguir de cerca los comicios. “Lo de Venezuela es un hecho consumado, que no tiene vuelta atrás. Creo que se intentará una negociación que permita salvar su parte a los dos sectores, permitiendo que Paraguay haga su votación si da seguridades de que la voluntad de los parlamentarios esta vez no será un problema. Pero si ese intento se empantana estaremos otra vez en una crisis”, completa el especialista en seguridad y relaciones internacionales.
Los dos principales candidatos a la elección de ayer, expresión de la opinión de la mayoría del nuevo Congreso, insistieron en que aún debe haber un voto y se mostraron dispuestos a cooperar, concientes de la situación debilitada de su país. Cabe suponer que el Mercosur simplemente hará saber (reservadamente o no) que el paso es considerado prescindible, gesto que ganará en dureza y visibilidad en proporción directa a la disposición que detecte en la contraparte.
Rech no descarta la “posibilidad de que nos encontremos ante un caso como el de Cuba y la OEA : la organización ya autorizó la reincorporación cubana, pero ese país no muestra interés en dar ese paso”.
En cualquier caso, asegura que “Brasil no va a dejar de jugar la carta de su influencia sobre Paraguay, les guste o no a los dirigentes de este país, y buscará imponer una salida que satisfaga su interés nacional”.
El periodista Mario Ferreiro, quien pretende capitalizar desde ahora lo que fue el voto luguista y progresista en Paraguay, le dijo a este enviado que una bancada de centroizquierda crecida como la que habrá será una ayuda para que el Congreso destrabe la cuestión de Venezuela.
El político consideró “una vergüenza” el modo en que los candidatos Horacio Cartes y Efraín Alegre, así como el presidente Franco, trataron el tema, y arriesgó que, para remediarlo lo hecho, “deberán pedir perdón” y “ceder en muchas cosas”. Recordó, en ese sentido, que “miles de paraguayos se atienden gratuitamente en los hospitales argentinos”, al considerar que nuestro país no merecía un trato como el que recibió.
(Nota publicada en Ámbito Financiero).
lunes, 22 de abril de 2013
Cartes: un currículum denso en despachos del Mercosur
Asunción – El problema de la reincorporación de Paraguay al Mercosur y a la Unasur tras las elecciones de ayer y, sobre todo, tras la asunción de Horacio Cartes en agosto, quedará empequeñecido pronto debido a la magnitud de nuevas dificultades que se ciernen sobre la relación entre este país y esos bloques. Se trata del propio perfil del presidente electo, quien ha debido hacer frente durante la campaña a severas acusaciones sobre presuntas maniobras con divisas, lavado de dinero, contrabando y hasta narcotráfico, nunca comprobadas pero que han sido parte del debate que debió enfrentar cada día. La actitud de los gobiernos de la región será, se descuenta, de desconfianza, sobre todo la de Brasil, país especialmente tocado por esas denuncias.
Un perfil breve de Cartes indica que fue el candidato colorado a las elecciones de ayer, quien logró que la Asociación Nacional Republicana (tal su nombre oficial) volviera al poder que ha controlado ininterrumpidamente desde 1947, con el breve interregno luguista-liberal de 2008-2013. Se trata de un empresario que, con una “inversión” que aquí estiman en 50 millones, logró que el partido reformara su estatuto para que se habilitara a competir por cargos electivos a afiliados de sólo un año de antigüedad. Según esa versión oficial, se trata de un acaudalado empresario con múltiples intereses (la tabacalera Tabesa, las bebidas Pulp, el banco Amambay, el club de fútbol Libertad, ganadería, transporte, comercio…) que se afilió al partido recién en 2009. Nacido el 5 de julio de 1956, está separado, tiene tres hijos y siempre está acompañado por su fiel hermana Sara.
¿Pero cuál es “La otra cara de HC”? Ése es el título del libro que levanta polémica en Paraguay en estos días, escrito por el periodista César “Chiqui” Ávalos, quien recibió a Ámbito Financiero en un hotel de Asunción.
“Su familia era del sector acomodado en la época de (Alfredo) Stroessner y su padre, que tenía acceso al círculo áulico, ya era representante de Beechcraft (la empresa aeronáutica fabricante de los aviones Cessna). Cartes fue de joven a estudiar allí y luego regresó a Paraguay”, resume el periodista, de extensa trayectoria en medios gráficos locales y actualmente colaborador de la revista brasileña Veja, entre otros medios.
Ubicado ya en el entorno stroessnerista, “se sumó a la casa de cambios Humaitá, protegida por el poder”, añade. De 1985 data una seria acusación de haberse aprovechado de una medida oficial de fomento a la actividad agrícola, que permitía la importación de maquinaria e insumos al tipo de cambio oficial de 240 guaraníes, cuando el paralelo era casi el doble. Así, se crearon muchas empresas fantasma para simular importaciones, lo que les permitía acceder a esos dólares baratos para, simplemente, hacer enormes ganancias en el paralelo.
El caso obligó a Cartes a mantenerse prófugo durante cuatro años en la ciudad de Pedro Juan Caballero, en la frontera con Brasil. Allí, dice Chiqiu Ávalos, “encontró la protección de Fahd Jamil, alias ‘El Turco’, alias ‘El padrino’, un libanés naturalizado brasileño que ha estado prófugo de la justicia brasileña durante diez años, hasta que logró que le levantaran la orden de prisión, y ha sido uno de los hombres más buscados por la DEA” estadounidense. “En su zona no se roba ni una gallina sin que él lo sepa”, afirma el investigador.
Tras la caída de Stroessner en 1989, “Cartes volvió a Asunción, trató de negociar, pero terminó siete meses preso. Fue condenado, pero recién en 2008 la Corte Suprema resolvió eximirlo de culpas”, explica el periodista.
De su contacto con Jamil surgió la sospecha persistente que liga a Cartes con el narcotráfico. Aun se recuerda la incautación en 2000 de un avión de matrícula brasileña en su estancia Nueva Esperanza, jurisdicción de Capitán Bado (Amambay), que debió aterrizar de emergencia con 20 toneladas de cocaína cristalizada, además de marihuana prensada. Cartes se ha defendido alegando que la nave se encontraba algunos metros fuera de su propiedad.
El nombre del ahora presidente electo aparece también en las comunicaciones del Departamento de Estado norteamericano divulgadas por WikiLeaks. Un cable diplomático del 5 de enero de 2010 lo pone en la mira de la Drug Enforcement Administration (DEA) y de la Oficina de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego (ATF) en el marco de la operación "Corazón de Piedra", una investigación transnacional sobre narcotráfico y lavado de dinero en la Triple Frontera entre Paraguay, Argentina y Brasil. Según el cable, que lo presenta como "cabeza de organización de lavado de dinero en la Triple Frontera", agentes de la DEA se infiltraron en una empresa de Cartes para detectar operaciones sospechosas y refiere la decisión de “plantar” un segundo agente en el entorno del empresario. “Corazón de Piedra” no ha llevado al procesamiento de Cartes, quien ha podido viajar a Estados Unidos, exportar cigarrillos a ese país y hasta abrir allí una filial de su empresa de refrescos Pulp, hechos que considera evidencias de que las acusaciones en su contra son simple guerra sucia política.
Otro capítulo grueso de las sospechas sobre Cartes se escribió en Brasil. El informe final de una Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI) de la Cámara de Diputados de 2003 es la base de la demanda que la tabacalera brasileña Souza Cruz le ha iniciado por contrabando el año pasado, que ya ha sido girada por la Cancillería paraguaya a la Corte Suprema local. La denuncia atribuye a Tabesa el “41,9% del mercado total de contrabando brasileño y 7,9% del mercado total de cigarrillos en el Brasil".
El alto nivel de imposición de los cigarrillos hace que el contrabando genere ganancias fabulosas. “Cada paraguayo debería fumar 50.000 cigarrillos por año para poder consumir todo lo que produce Tabesa”, bromea Chiqui Ávalos.
El modus operandi de los contrabandistas es conocido. Llenan con atados de cigarrillos enormes bolsas plásticas que son arrojadas al río en la frontera binacional. Del otro lado son recogidas y enviadas a las “ferias de Paraguay”, toleradas en las principales ciudades de Brasil por distintas formas de connivencia administrativa y policial.
“Muchos en Paraguay resienten lo que llaman ‘militarización de la frontera’, pero lo que pasa es que Brasil debe hacer lo que el otro país no hace. En esa zona hay muchos puntos de interés estratégico para mi país, como el contrabando y como la represa Itaipú, de la que depende buena parte de la electricidad de la industria de San Pablo y que es vulnerable a atentados”, dijo a este enviado Marcelo Rech, especialista en relaciones internacionales y defensa del “think tank” InfoRel, de Brasilia.
Sin hablar puntualmente de Cartes, el especialista añadió que “en el último tiempo se ha detectado que los contrabandistas de cigarrillos envían en los camiones que los transportan una segunda carga, escondida, de cocaína y marihuana. El ‘negocio’ tiene éxito porque, aunque se decomisen los cigarrillos, el resto de la carga sigue su camino y sólo debe pagarse una multa por lo hallado. El delito grave queda impune mientras que sólo se constata una infracción aduanera”.
También en Argentina, investigaciones periodísticas han señalado a Tabesa como responsable del 60% del contrabando de cigarrillos a nuestro país.
Ámbito Financiero ha intentado, sin fortuna, contactarse con Cartes desde principios de abril, dado que el entonces candidato había decidido privilegiar a los medios locales en el contexto de la campaña.
Para muchos aquí, Cartes deberá sobreactuar su vocación integradora y hacer fuertes concesiones para que los presidentes del Mercosur dejen de lado sus dudas. La pretensión de que el Congreso paraguayo aún debe avalar el ingreso de Venezuela, se descuenta, le será presentada como un trámite que podrá ahorrarse.
(Nota publicada en Ámbito Financiero).
LAS SOSPECHAS DE ESTADOS UNIDOS
LAS SOSPECHAS DE ESTADOS UNIDOS
El presidente electo de Paraguay,
Horacio Cartes, aparece mencionado en dos cables diplomáticos enviados a
Washington por la Embajada
estadounidense en Asunción, y que fueron dados a conocer por la organización
WikiLeaks en noviembre de 2010.
Uno de ellos, titulado
"Manejo de expectativas sobre el nuevo director de la Secretaría de
Prevención de Lavado de Dinero", fue emitido el 27 de agosto de 2007. Allí
se relata que el designado Ángel Gabriel González, sobre el que había versiones
cruzadas, citadas por la embajada, de que era un técnico "con larga
trayectoria" en el control del lavado de dinero, o un funcionario preso de
"rencores personales, incompetencia y corrupción".
"El director de la Secretaría de
Antinarcóticos de Paraguay, Hugo Ibarra, le dijo al segundo de la embajada
el 21 de agosto... que González había tenido un papel personal directo como
presidente del Banco Central en el blanqueo de fondos de Horacio Cartes y su
banco Amambay, remarcando que el 80 por ciento del lavado de dinero en Paraguay
se mueve a través de esa institución".
El 5 de enero de 2010, otro texto
diplomático está dedicado casi por completo a Cartes, con el título
"Martinetti, Julio y otros/ Encuentro de coordinación del caso Corazón de
Piedra".
Allí se describe a Cartes como la
"cabeza de la organización de lavado de dinero en la Triple Frontera ",
y se informa que agentes de la Drug Enforcement Administration (DEA) se
infiltraron en una de sus empresas para detectar operaciones sospechosas. El
texto también refiere la decisión de "plantar" un segundo agente en
el entorno del empresario.
"Una organización sospechada
de lavar grandes cantidades de dólares generados a través de movimientos
ilegales, incluyendo la venta de drogas, desde la Triple Frontera a
Estados Unidos", indica el texto.
Osvaldo Gane Salum es descripto como un "asociado directo de Horacio Cartes y miembro de una
organización delictiva que involucra la importación de cigarrillos falsos en
Estados Unidos desde Sudamérica".
(Publicado en Ámbito Financiero en base a agencias).
(Publicado en Ámbito Financiero en base a agencias).
Después de Lugo: deseo y decepción
Asunción – El 40% de pobres que viven en Paraguay, escalofriante
cifra que incluye un 17% de indigentes, un drama especialmente agudo en el
interior rural, mira con desconfianza la política. Por eso los índices de
abstención electoral suelen ser elevados, del orden del 50% del padrón, una
realidad sólo quebrada durante la efímera ilusión de un cambio profundo que
Fernando Lugo encarnó en 2008. Muerta esa esperanza, muchos entre los más
humildes volvieron a encontrar ayer pocos incentivos para expresarse en las
urnas.
Ámbito Financiero recorrió el barrio
pobre de Bañado Sur, sobre el río Paraguay, en la periferia de Asunción, donde
lo único que abunda son las adicciones al alcohol y las drogas, la violencia,
los embarazos de jovencitas y el abandono. El trayecto desde el centro va
mostrando un panorama social cada vez más deteriorado, de casas más precarias,
mayor suciedad, empedrado en peores condiciones y un barro denso que, si es así
en días secos como los últimos, mejor no imaginar cómo es cuando llueve.
Néstor López, de 42 años, montó una
pequeña mesa al aire libre, a la puerta de su casa, en la que vende aceite,
café, azúcar, edulcorante, dentífrico y muchos otros artículos de primera
necesidad. Cuando terminó una venta en su pequeño almacén portátil, le dijo a
este enviado que “fui uno de los que se ilusionó con Lugo, pero nos defraudó a
todos por el tema de sus hijos y por cómo se gastaba la plata. Él prometió un
cambio, cambiar la zona, pero mire cómo está. Vino en la campaña, después no
apareció más y se dedicó a la farra”. “Yo no voto. Además, ¿a quién? Los
liberales y los colorados son unos mentirosos”, completó.
Una clave para entender semejante
desazón pasa por las expectativas desmesuradas de cambio que despertó el
exobispo defenestrado por sus aliados en junio de 2012. Él iba a terminar con
la corrupción, con el prebendarismo, con el olvido atávico de los pobres… Un
outsider de la política, un hombre de fe, parecía el candidato ideal para la
tarea. Pero el problema fue que no contaba con experiencia de gestión, que
ocultaba falencias personales que le costaron caras, que se fue sin dar pelea y
que, a falta de una estructura política propia, se recostó con imprudente
confianza en la del Partido Liberal Radical Auténtico, que a la hora de la
verdad no dudó en deshacerse de él para apoderarse del aparato del Estado, el
mecanismo más eficaz para apostar a la eternización en el poder.
Ángela López, de 67 años, descansa entre
moscas en el umbral de su modesta casa. Ella es más benevolente con el
expresidente, pero tampoco mostraba muchas ganas de votar. “A lo mejor voy,
depende de cómo me sienta”, dijo, antes de explicar que tiene “alta la
presión”. “Con Lugo las cosas mejoraron, pero cuando se fue empeoró todo de
nuevo”, estimó.
“El tema de sus hijos es algo personal
de él”, añadió, a contramano de la mayoría. Es que la cuestión pegó duro en un
país en el que, según dijo a este diario la candidata a vicepresidente del
centroizquierdista Mario Ferreiro, Cinthya Brizuela, “el 35% de las madres son
solteras”.
Porfirio Méndez Torres tiene 84 años, y
cumplirá uno más el 5 de mayo. Éste sí está grande, pero conserva el espíritu.
Aseguró que votaría por Ferreiro, un popular periodista televisivo de excelente
imagen, una alternativa que encontraron muchos al posluguismo, pese a la puja
de egos entre ambos que evitó que compartieran lista. “Somos pobres y
necesitamos ayuda. De Lugo no puedo decir nada malo, porque con él tuvimos el
sueldo para la tercera edad, remedios y comedores para 2.500 vecinos que no
tenían qué comer”, explicó. “Ahora nadie nos hace caso, se llevan toda la plata
en los bolsillos”, reprochó al nuevo liderazgo liberal.
Marta, una exluguista de mediana edad
que milita también por Ferreiro, explicó a Ámbito Financiero que con el
exobispo, la ayuda comenzó a fluir directamente a los necesitados, sin pasar
por el filtro de los punteros políticos, colorados y liberales, que son muy
fuertes en Bañado Sur y otras barriadas populares del Gran Asunción. El haber
liberado a las clientelas de éstos le terminó costando un tremendo pase de
facturas, se ha visto, pero también perjudicó a los necesitados. “Todos los
comedores se cerraron, y la ayuda hoy es monopolio de los liberales, que la
tienen por estar en el gobierno y que se la entregan solamente a sus
simpatizantes”, agregó.
¿Cuál es la forma de liberarlos de ese
cepo? Un dilema, que se ilustra con modalidades de “producción del voto”
comunes, lamentablemente, a todos los conurbanos metropolitanos de América
Latina.
“Cuando un candidato encuentra a un
líder (barrial, un puntero) del partido rival al que puede corromper, le compra
las cédulas de su gente para asegurarse que simplemente no puedan votar. Si no,
para asegurarse votos propios, compra las cédulas y se las da a otros
electores, que sabe fieles y que pueden votar después de que se ‘arregla’ a los
fiscales de las mesas de la zona, sean del partido que sean, para que miren
para otro lado. La tercera es pagar después de que el votante saca una foto con
su celular para probar que hizo lo correcto”, le dice un amplio conocedor de
esas prácticas a Ámbito Financiero.
Hay un dilema que es preciso mirar de
frente. El voto, lo sabemos bien, puede ser una manera más, especialmente
brutal y repugnante, de someter a los más débiles. Pero es, a la vez, una
herramienta potencialmente liberadora. Una bandera que más temprano que tarde
habrá que arrebatarles a los que la bastardean.
viernes, 19 de abril de 2013
¿El otoño del chavismo?
Caracas
- Mientras la dinámica política de Venezuela gira con vértigo sobre sí misma,
sin que todavía pueda preverse hacia dónde se dirigirá el tornado, el frente
externo parece entregarle, al menos, alivios al cuestionado presidente electo, Nicolás
Maduro. Pero la visión del mundo que se ha proyectado en los últimos años
desde Venezuela bien puede cambiar antes de lo esperado.
Los
países del círculo más inmediato de la Revolución Bolivariana (Cuba, Ecuador,
Bolivia, Nicaragua) respaldaron el resultado de inmediato. Sumando peso
internacional a esa legitimación llegó el apoyo de la Argentina (inicial
también y decidido, algo destacado por el Palacio de Miraflores) y de Brasil
(algo más lento, pero de creciente énfasis, muy celebrado por el chavismo). La
Organización de Estados Americanos (OEA), casi un nombre artístico de los
Estados Unidos, dudó, pero terminó por dar un aval forzado, lo que presagia una
posición algo más distante, pero de ningún modo confrontativa de Barack
Obama. España, con el eco lejano de la Unión Europea, queda en el limbo
tras sus idas y vueltas, pero eso no debe sorprender: los intereses de ese país
han sido severamente afectados en la Venezuela que aplica una curiosa variante
del socialismo.
Se
da, entonces, una paradoja: esa comunidad internacional que, más convencida o
más a regañadientes, valida a Maduro pretende (o se conforma con) consolidar un
statu quo conocido en lugar de contribuir a precipitar a Venezuela a una
confrontación interna que puede resultar demasiado grave; sin embargo, bajo
la superficie, lo que los comicios del domingo alteran es otro statu quo, el
que se había generado en los años de Hugo Chávez al ritmo del influjo externo de ese país.
El
sostenimiento de la Venezuela chavista es crucial para muchos gobiernos que
dependen de su petróleo barato, la “regaladera” que Henrique Capriles
Radonski había prometido cortar, en la que incluía a nuestro país con
cifras incomprobables. Cuba, con sus 100.000 barriles diarios, encabeza la
lista, pero Nicaragua y varios otros de Centroamérica y el Caribe se anotan
también en ella. El problema es que la continuidad de la Revolución estuvo a
punto de cortarse el domingo. Si bien Maduro se va estabilizando, su
horizonte no lleva necesariamente a 2019, como anunció el Consejo Nacional
Electoral al consagrarlo el día posterior a los comicios; con los resultados a
la vista, y con los daños que el deterioro económico le puede causar (puede,
insistimos) a su popularidad, se abre una posibilidad de que ese futuro se
acorte a la mitad.
Según
la Constitución de 1999, en tres años, a mitad de mandato, podría realizarse un
referendo revocatorio que encontraría a la oposición muy fortalecida, un
escenario plausible. En tal caso, los países petroleodependientes de la zona
deberían ir preparando los botes y los remos, y Cuba, en primera línea, debería
rezar con devoción para no volver a los oscuros tiempos del “período especial”
que siguió al colapso de la Unión Soviética.
La
historia, se sabe, tiene ciclos, y el del comandante Chávez fue uno que marcó
un tono más autónomo y antinorteamericano en el subcontinente. No sólo él fue
el protagonista, ya que hubo una confluencia con líderes como Luiz Inácio
Lula da Silva, los Kirchner, Evo Morales, Rafael Correa
y otros. Pero aquél, “corazón de mi patria”, como rezaba el eslogan de campaña
del 7O, fue también el eje de esa política. Así las cosas, el futuro, que ya no
podemos pensar a largo plazo, podría cambiar en el nido de aquella tendencia,
en curiosa sincronía con elecciones que, especulaciones aparte sobre una
reforma constitucional, podrían también cambiar el tono en otro actor
importante de aquélla: la Argentina. ¿Y Brasil, la gran clave? Allí
habrá petismo para rato, cabe suponer, con la popular Dilma Rousseff lanzada
a la reelección o, si hiciera falta, con la estrella que espera en el banco: Lula
da Silva. Pero la rivalidad brasileña con los Estados Unidos tiene otros
componentes, que son autónomos de la ideología. La pelea entre ellos es por
la influencia en una región que Brasil considera su área natural de influencia
y el primer círculo concéntrico desde el que proyectar su vieja aspiración de
potencia económica y política.
Para
imaginar el futuro político de Sudamérica como bloque debemos volver a la
interna venezolana. ¿Estamos, así las cosas, ante una transición que fortalezca
al chavismo como poder en el Estado, que profundice su carácter radical y
revolucionario? ¿O, en cambio, las dificultades de la hora lo irán
convirtiendo en un “león herbívoro” que comience a desgajarse de sus componentes
duros, los que, sin el comandante presente, se sientan libres para dar la pelea
por apropiarse de su legitimidad?
“Ésa
es la gran incertidumbre, que no se puede responder por ahora. Están dadas las
dos posibilidades. Maduro podría hacer cambios estratégicos, populistas, para
recuperar ciertos vínculos y calmar al país, negociar con el sector privado y
moderar el control sobre la economía. Pero también se puede radicalizar para
neutralizar a sus adversarios”, señaló a Viernes Luis Vicente León,
director de la encuestadora Datanálisis, quien previó que el exchofer Maduro
transitaba el último tramo de la campaña con las gomas pinchadas, y es uno de
los analistas más reconocidos de Venezuela.
“En el chavismo hay militarismo y civilismo, hay radicales y pragmáticos,
y todos luchan por el control del poder. Y hay actores dentro de ese espacio
que aún no entrevemos”, agregó.
“Si
se produce un deterioro significativo en su popularidad o en la economía, ahí
la probabilidad de divisiones se hará más fuerte. Hay visiones muy encontradas
en el chavismo”, completó.
Ángel Oropeza, analista de la
Universidad Simón Bolívar, por su parte, indicó en Caracas a este suplemento
que “Maduro no posee el control ni siquiera sobre el propio PSUV, y las
tensiones con otras fracciones del partido, en especial la que lidera (el
titular del Poder Legislativo) Diosdado Cabello, son conocidas. Maduro ha
hablado insistentemente de una ‘jefatura cívico-militar’, queriendo dar la
imagen de un Gobierno colegiado”. “En el corto plazo tendrá que negociar
con estas fracciones, porque no parece -por ahora- poseer la fortaleza personal
y de liderazgo como para imponer algún tipo de sello personal”, arriesgó.
“El
principal reto del oficialismo es desde ahora la ausencia de liderazgos que
convoquen a la unidad de sus fuerzas, y las pugnas internas entre fracciones”,
completó Oropeza.
El
inédito desafío electoral del domingo, con más de 600.000 viejos votantes
chavistas que se pasaron al “lado oscuro”, puso en evidencia la obviedad de
que, por más que se lo quiso mantener vivo con un marketing formidable y con
médiums emplumados, Chávez murió. Y que, debajo del “comandante eterno”, todos
son iguales. Los que apelan emotivamente a su memoria, los que lo acompañaron
un tiempo y se alejaron, los que lo combatieron siempre, pero buscan hoy
apropiarse de su sesgo social y, aun, los que nada le reconocen, todos
falibles, todos son “mortales”, todos están sujetos a la prueba ácida de la
gestión.
Maduro pagó por sus errores de campaña, largamente descriptos en la
reciente cobertura de Ámbito
Financiero, pero también por las carencias de la propia administración de
Chávez. Se sabe, éste era el responsable de todo lo bueno de la “revolución
bonita”, mientras que lo malo era culpa “del entorno”. El problema es que ese
entorno es el que se presentará siempre, desde ahora, al veredicto popular.
Los
problemas de gestión que hay que abordar ahora, y por los que se debe responder
sin el paragolpes protector del enorme carisma de Chávez, son ingentes. La
inflación que encarece la comida (el país importa el 40% de lo que come; el
Estado, petróleo mediante, subsidia, pero eso también tiene límites). La
disparada del dólar paralelo (a 20 bolívares, por ahora, cuando el oficial
alcanza a 6,30). Las dos devaluaciones recientes, de más del 70%. Los cortes de
luz (¡en una potencia energética!), atribuidos siempre a fantasmales complots,
con culpables supuestamente muy claros, pero que nunca aparecen. El drama
de la vivienda, común a clases populares que se apiñan en “barrios” de
emergencia y a la clase media que ve cómo muchos de sus hijos de 30 y pico
cumplen años en casa ante la dificultad de independizarse. La inseguridad (¿por
último?), con tasas de homicidios de 50 por cada 100.000 habitantes para el
Gobierno en 2011 o de 73/100.000 para ONG opositoras (tome el que quiera
lector: ambos son propios de países en guerra).
“Aquí ha habido dos devaluaciones en menos de dos meses. Ése es uno de los
mayores problemas que tendrá que confrontar Maduro. La situación es bastante conflictiva
y difícil, y no veo en él las capacidades necesarias para hacerle frente”, explicó a Viernes el director del diario
Tal Cual, hipercrítico del chavismo, Teodoro Petkoff.
Las
secuelas políticas de la elección del domingo agravan el escenario. El chavismo
puede pararse en su lógica de confrontación (al fin y al cabo asegura estar
llevando adelante una revolución destinada a dar por tierra con la
“oligarquía”), pero no puede borrar de un plumazo la incidencia de la opinión y
del estado de ánimo de casi la mitad del país que no sólo se le opone, sino que
lo hace fanáticamente. La idea, expuesta por referentes y analistas opositores
y hasta por el propio Capriles, de que el sistema electrónico de votación es a
prueba de fraudes no convence a los miles (y miles y miles) que ya tienen
completamente abollada la batería de cocina, que se sienten “robados” y que
experimentan la peligrosa sensación de que no hay salidas institucionales al
actual estado de cosas. Siempre hay que temer las acciones nacidas de la
desesperación.
Esto
supone un problema de legitimidad insoslayable para Maduro, que no se agota en
si el sistema es vulnerable o no. La cuestión no es técnica ni electoral, es
política. Lo hemos dicho: las fallas están en otro lado, en una propaganda
oficial asfixiante en los medios públicos, en el desconocimiento por parte de
éstos de que en el país hay opositores que se presentan a elecciones, en las
violaciones descaradas a las vedas, en el lenguaje militarista y amenazante, en
el empecinamiento de embarrar la cancha electoral a partir del cotidiano
anuncio de enormes y temibles complots que auguran hechos de sangre y
represión. La oposición partidaria y mediática pone lo suyo, claro, pero
nuestro foco hoy es otro.
Pero
regresemos a la lectura de lo ocurrido en las elecciones del domingo en clave
regional. Lo que el entorno regional de Venezuela debe asumir son los
síntomas de agotamiento de un modelo distribucionista, pero que no supo
reciclarse en uno de desarrollo. Ha sido políticamente redituable y humanamente
virtuoso el reparto de la renta petrolera del modo en que se lo hizo, llevando
a quienes nunca habían tenido nada la salud, la educación (desde la
alfabetización de adultos hasta el acceso a la universidad), los alimentos, los
créditos, el confort de los electrodomésticos, el reconocimiento de todos como
verdaderos ciudadanos... Lo que el chavismo no hizo fue destinar al menos una
parte de la renta del petróleo de cien dólares al desarrollo y la
diversificación productiva, una omisión trágica en un país que ya perdió
demasiadas oportunidades a lo largo de su historia. Un país rico, no sólo en
petróleo, sino en minería, dotado de un clima favorable, de llanos fértiles, de
playas magníficas que no figuran en la agenda de ninguna agencia de turismo del
mundo. Un país de 29 millones de habitantes que tiene el privilegio de, antes
de ponerse a producir cualquier otra cosa, vender al mundo, a los precios
actuales, nada menos 60.000 millones de dólares en crudo. Un país que,
atraso cambiario mediante, limitación de la inversión privada y pésima gestión
de la pública, ha derrumbado sus exportaciones no petroleras a la risible suma
de 3.700 millones de dólares el año pasado.
El
desafío para los países más cercanos al modelo chavista y para otros que
flirtean con él más a la distancia, como la Argentina, es, entonces, el mismo:
cómo convertir el auge de los precios de las materias primas en un sendero real
de desarrollo y diversificación productiva, sin renunciar a los niveles de
inclusión alcanzados.
El
camino correcto no parece el de profundizar las políticas que ponen en riesgo
los innegables avances sociales logrados en los últimos años en toda la región,
con sus más y sus menos. La referencia es a una inflación que erosiona el
consumo popular, que deteriora el tipo de cambio y resiente la estructura
productiva menos competitiva, pero más generadora de empleo, el desaliento a la
inversión productiva privada.
Quienes
se paran en la vereda opuesta de estos modelos con fatiga de material tienen
sus recetas, se sabe, pero aun quienes los defienden deben encarar la aventura
de imaginar estrategias de desarrollo que permitan sostener los parámetros de
calidad de vida obtenidos. Estrategias diferentes de las desbalanceadas que la
región conoció en los años sesenta y setenta, volcadas en exceso a la atracción
de la inversión externa y a la oxigenación de la tasa de acumulación de
capital.
¿Será una aventura posible?
(Nota publicada en el suplemento Viernes de Ámbito Financiero).
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





